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NOTICIAS DE EXITO

La forma en que conducimos da forma a la cultura de la comunidad

Quienes más influencia tienen en la sociedad son las personas comunes a través de sus gestos cotidianos, Son “los artesanos del bien común”,recordaba el Papa Francisco.


Richard Reeves del Brookings Institution  señala, conducir es precisamente el tipo de actividad cotidiana a través de la que la gente le da forma a la cultura de su comunidad.

Si aceleras para que no pueda incorporarme a tu carril, me estás enseñando que la sociedad que me rodea básicamente es competitiva, no cooperativa. Si, por otro lado, me saludas con amabilidad después de que te dejo incorporarte, me estás enseñando que este es un lugar donde la amabilidad se reconoce y se expresa gratitud.

Si te sientes perfectamente bien al dar una vuelta hacia el sentido contrario en medio de una calle muy transitada, bloqueando a todos los que van en ambos sentidos, me enseñas que la gente aquí es egoísta y se siente con derecho a todo. Pero si te orillas a la derecha y esperas tu turno en la salida abarrotada del carril de una autopista, eso me enseña que hay un sentido de igualdad y justicia, y que la gente se siente integrada en el grupo.

Conducimos según la ley, pero también con base en normas. Si mucha gente adopta el mismo estilo de manejo, entonces ese comportamiento se convierte en una regla común. Una vez que la gente entienda lo que es normal por ahí, más gente conducirá de esa manera también y eso se extenderá, como una avalancha. La amabilidad le da origen a la amabilidad. La agresión provoca más agresión.

Algunos patrones de tránsito requieren una tradición de respeto a la autoridad. De acuerdo con The Economist, la mitad de las rotondas del mundo están en Francia, donde funcionan bien. En Nairobi, la capital de Kenia, son un total desastre.

Conducir implica tomar mil decisiones morales pequeñas: acercarse demasiado al auto de enfrente para obligarlo a que vaya más rápido o darle espacio; tocar el claxon como advertencia o constantemente como una muestra universal de desprecio por la humanidad.

Conducir hace que te preguntes todo el tiempo: ¿estamos en un lugar donde hay un sistema de autocontrol o estamos en un lugar donde se aplica la ley de la selva?

Conducir hace que te preguntes continuamente: ¿mis necesidades son más importantes que las de los demás o todos somos iguales? 

Conducir te pone en situaciones sociales en las que debes trabajar con otras personas para construir una cultura compartida de civilidad e ir en contra de tu propio egoísmo primitivo, y eso sucede mientras estás metido en lo que potencialmente es un arma de metal de 1800 kilos.

Conducir también hace que periódicamente debas superar tu deseo de venganza. Cuando alguien se mete a tu carril inesperadamente, quieres castigar al imprudente y reforzar la idea de lo que es correcto y adecuado. Pero eso solo provoca un ciclo de conducción aun peor, así que, que es mejor, poner la otra mejilla ?… ¿Cómo conduciría Jesucristo?

(Adaptado de THE NEW YORK TIMES -  Ed. En español)

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